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Las Supernovas como enriquecedoras químicas del Universo y bases para la vida

Las condiciones físicas particulares de nuestro Universo inmediatamente después del Big Bang se manifiestan en su composición química actual: un Universo dominado por hidrógeno, helio y trazas de otros elementos livianos.  

Sin embargo, para que los planetas y eventualmente la vida ocurriesen, fue necesario inundar el Universo con elementos más pesados. No es casualidad que las estrellas masivas produzcan en su interior los elementos que forman las bases de la química orgánica en la Tierra: carbón, nitrógeno, oxígeno y fósforo, contituyentes de moléculas clave para la vida en la Tierra como el ADN o el ATP. El problema es que estos elementos son producidos como cenizas en el núcleo de las estrellas, protegidos del medio interestelar por las enormes envolturas de estas estrellas masivas. 


 

Es por esto que las supernovas son un ingrediente fundamental para que exista la vida: ellas se encargan de "fertilizar" el Universo esparciendo las cenizas contenidas en el núcleo de las estrellas masivas. Además, en su explosión se sintetizan elementos aún más pesados que son fundamentales para los procesos de la vida, como el fierro, presente en moléculas clave como la hemoglobina. De hecho, nuestro sistema solar se originó a partir de una supernova ocurrida hace aproximadamente cinco mil millones de años, cuando el Universo tenía unos ¡nueve mil millones de años! (esto se sabe estudiando los elementos radioactivos de la nube original que aún están presentes en la corteza y el interior terrestres).