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Las Supernovas como indicadores de distancia 

Las mejores indicadoras de distancias son las supernovas Ia. Esto se debe a que forman una familia homogénea de objetos muy brillantes. Es posible calibrar su brillo absoluto con gran precisión estudiando su evolución en el tiempo. 

No poseen hidrógeno porque pierden su envoltura exterior antes de la explosión. Al estallar, contienen, en forma parcial, cenizas de la quema de carbón y oxígeno (principalmente silicio). Y en forma total, esencialmente níquel radioactivo. Éste es muy importante porque se "transformará" en cobalto y luego en hierro, liberando muchísima energía en el proceso. ¡Descargará tanta energía como la que libera el Sol durante toda su vida! (casi todo el hierro del Universo se produce en este tipo de supernovas). 

Conociendo el brillo absoluto de una supernova es posible deducir su distancia, una de las mediciones más difíciles de hacer en astronomía. Sabiendo esta distancia y la velocidad aparente de su galaxia anfitriona, los astrónomos pueden


 

medir cómo se expandía el Universo cuando la supernova explotó. Repitiendo este proceso con supernovas más y más lejanas, que ocurrieron cuando el Universo era más y más joven, podemos reconstruir la historia de la expansión del Universo. Así, podemos entender qué fuerzas han dominado la expansión del Universo a lo largo de su vida. 

Las supernovas tipo IIP –que poseen hidrógeno en su espectro y son las que más tiempo permanecen cerca de su brillo máximo en el caso de las supernovas tipo II- también pueden ser utilizadas como indicadores de distancia, aunque aún no superan a las supernovas de tipo Ia en este aspecto.   

Investigadores del Núcleo Milenio de Estudios de Supernovas han sido pioneros en la aplicación de ambos métodos de determinación de distancias, emplean supernovas tipo Ia, como IIP.